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Hola bienvenidos a este espacio dedicado a la cultura de mi Sonora en la cual encontraras historias, conocimiento, aventura y un sin numero de informacion que te hara introducirte al maravilloso estado de Sonora.

viernes, 26 de febrero de 2010

Trajes tipicos

El Estado de Sonora no cuenta con un traje típico regional definido, pero hay ciertas vestimentas que caracterizan a nuestro Estado:
Traje yaqui La mujer yaqui viste para el diario faldas y blusas holgadas de telas lisas principalmente y en colores muy vivos con adorno de encaje angosto; bajo las amplias faldas llevan refajos de manta ó percal. Usan rebozo con las puntas hacia atrás. Se trenzan el cabello y lo adornan con cintas de color y vistosas peinetas; complementan su atuendo con anillos y arracadas de oro y collares de cuentas de papelillo. También entre la mujer yaqui es muy común el uso de huaraches de tres puntadas, aunque las jóvenes prefieren las zapatillas comerciales. El traje de fiesta lo constituye una falda y blusa de manta bordada con flores multicolores. Sobre la falda lleva una sobre falda de tela sintética transparente y adornada con cintas de encaje blanco; Los complementos son los mismos que diariamente utiliza. Traje seri La vestimenta de la mujer seri, considerado traje típico de Sonora, es uno de los más bellos de nuestro país, quizá por ser uno de los más sencillos, caracterizándose por su armoniosa combinación de colores. Consiste en blusa de manga larga abotonada al frente, llevando a la altura de la cintura un vuelo u olán que define la esbelta figura de las jóvenes. La falda es larga y el ruedo tiene adornos de cintas en colores contrastantes, así como en los puños y el pecho de la blusa. Llevan el cabello largo y las mayores lo cubren en ocasiones con un paliacate anudado bajo la barbilla. Se adornan con los típicos collares elaborados por ellas mismas con huesos pequeños de pescado, chaquiras, semillas silvestres, conchas, caracolillos y en algunas ocasiones especiales añaden figuras pequeñas talladas en madera palo fierro o piedras semiduras. También se adornan con cintas hechas para ocasiones especiales ó durante las fiestas tradicionales de la tribu; las mujeres utilizan la pictografía facial que distingue a este grupo, pero desafortunadamente esta costumbre día a día ha ido cayendo en desuso.Traje Norteño Pantalón de mezclilla, camisa lisa ó a cuadros con manga larga, sombrero tipo tejano y botas.Los trajes yaqui, mayo y guarijío calzan en su mayoría huaraches de tres puntadas y como sello distintivo llevan paliacates ó mascadas de colores vivos anudadas al cuello; éstas últimas traen algún bordado y otros adornos.

La comida sonorense, sabiduría gastronómica

Seguramente las raíces de la gastronomía sonorense las encontraremos en los productos de la caza, la pesca y la recolección, cuya principal virtud fue la de proveer de energía a los primeros pobladores de este territorio, que ya fuera en los valles, en la costa, en la montaña o en los límites del desierto, supieron integrarse al paisaje e hicieron de su vida cotidiana una cita constante con las señales de la naturaleza.Tal vez esta se al principal herencia que hoy puede rescatarse en los pasillos de la comida sonorense: la sabia selección de los productos a partir de las particularidades de la geografía y el clima.Carne, pescado, trigo, maíz, son en cierto modo la base en la que se sustentan los platillos de la mesa sonorense. El ganado vacuno y porcino sustituyeron a las piezas de caza, y el trigo disputó la supremacía al maíz, y es así que el menudo sonorense, tan distinto al del Altiplano, se acompaña con tortillas de harina de trigo y pan birote.Algunos de sus platillos preferidos, como las chivichangas y la machaca, nacieron evidentemente a la orilla de los caminos, durante la difícil jornada de los misioneros que dejaron su impronta en un territorio redescubierto con la fuerza de los mitos y el encuentro con la realidad.Es domingo, y en la vieja casona construida sobre la línea de los sueños, en la antigua Ciudad de los Portales, el olor de las arracheras invade la humedad de la tarde mientras disfrutamos de las chivichangas de frijol y queso, del caldillo, de un sabroso y nutritivo plato de gallina pinta, del caldo de queso, y de otros platillos como el menudo, el puchero, el hígado encebollado, el estofado y una enorme variedad de pescados. Evidentemente se trataba de una lección. Mi vecino, recién llegado del D.F., que apenas y daba crédito, se volteó hacia mí todavía impresionado por el excelente sabor de la gallina pinta, y asintió con la cabeza cuando le dije: "ya ves, aquí no sólo se come machaca con huevo".

La música popular sonorense y su expresión en el género musical norteño

Por Juan Lucero Andrade

Como estudioso de la Música Popular Sonorense, me encuentro atrapado en la aventura fascinante de conocer cómo el sonorense de ayer hizo la fiesta, cómo expresó el dolor, el amor y el desamor, cómo conceptuó el heroísmo, la lealtad, el honor, la sinceridad y sus antítesis.
Cómo describió y valoró a su patria y a tierra, el poder político y económico, la lucha armada, la justicia, la religión, la muerte, el delito, el crimen, el homicidio y el suicidio. También cómo habló de su entorno, al que enfrentó cotidianamente, como el campo, el rancho, la casa, el caballo, la familia, la mujer, los hijos, la madre, el padre, los hermanos, los amigos, la amante y tantos otros temas humanos de ayer, hoy y siempre.
Don Néstor Fierro Moreno (q.e.p.d.) nos ilustra diciéndonos que la música nuestra se formó a partir de la segunda mitad del siglo XIX y principios del siglo XX, de tal manera que entre las décadas de 1920 a 1960 se consolida lo que será la música popular sonorense.
La obra del maestro Rodolfo Rascón Valencia titulada Compositores sonorenses 1860-1940, editada por la Universidad de Sonora en 1992, da cuenta de prodigiosos compositores que definieron nuestra personalidad musical colectiva a través de las diversas especificaciones o géneros musicales como el vals, la polka, las mazurcas o los corridos, entre otros géneros.Reconoce el maestro Rascón Valencia que existen muchos compositores en el anonimato, pero que su obra musical está ahí, gracias a la transmisión oral que ha convertido en verdaderos iconos sonorenses a muchas de sus piezas musicales.
Sonora vivió un fenómeno interesantísimo en materia de cultura, pues llegó un nuevo género que transmitió a la música popular sonorense que hoy disfrutamos y gozamos. Al iniciarse la década de los cincuenta, la radio era el medio electrónico por excelencia al cual muchas de las familias sonorenses tenían acceso. Su objetivo, como lo es actualmente, era divertir, entretener, informar y educar promoviendo la cultura (recordemos la leyenda que ordenaba la Secretaría de Gobernación a cada disco: “el disco es cultura”).
Además de divertir, entretener y educar, la música jugó un papel preponderante. La radio de la época promovió diferentes géneros musicales. Reafirmó a los ídolos del pueblo que el cine había creado, intérpretes de música ranchera acompañados por mariachi invadieron el mundo artístico; se difunde la música romántica de tríos y solistas y se promueve la música de las grandes orquestas que, con ritmos importados de Estados Unidos y de la región del Caribe, responde a los jóvenes asiduos a los grandes salones de baile.
Justo en ese mismo tiempo, a través de la radio aparece la música del norte. Sus iniciadores fueron Los Alegres de Terán, don Tomás Ortiz y don Eugenio Ábrego, originarios de Nuevo León; poco después surgirían otros grandes duetos como Los Donneños de Tamaulipas, Los Broncos de Reynosa de Durango y muchos más que destacaron entre los años sesenta y principios de los setenta.
Los sonorenses nos identificamos con ellos porque los pioneros de la música norteña incluían en sus primeras grabaciones música de compositores sonorenses.
Así, Los Alegres de Terán convirtieron en clásico de la música norteña al chotis Amor de Madre del compositor nativo de Villa de Seris, Jesús “El Chito” Peralta; Cuatro Milpas, Mundo Engañoso, El Venadito, La Higuerita y El Tarachi del sahuaripense Aristeo Silvas Antúnez, La Barca de Guaymas del Lic. José López Portillo (no el expresidente de México). Los Broncos de Reynosa que hicieron éxito Ausencia Eterna de don Ildefonso “El Kilo" Morales de Arizpe. De los compositores anónimos sonorenses, estos duetos norteños grabaron El Novillo Despuntado, El Pájaro Prieto, La Cárcel de Cananea, El Cuervo y el Escribano, El Corrido de Joaquín Murrieta, y muchos más.
La música del acordeón con el bajo-sexto impactó a un gran sector de los jóvenes de aquella época, especialmente de las clases sociales más humildes; aquellos que trabajaban en los campos agrícolas de los grandes valles o en las ex-haciendas post- revolucionarias de la parte baja del estado. Estos jóvenes tuvieron su encuentro primario con la música a través de los conjuntos musicales conformados por indios y mestizos que ambientaban las fiestas populares y familiares. Dichos grupos estaban integrados por músicos inigualables que con maestría tocaban un violín, una guitarra y un contrabajo utilizando la “vara”.
Al momento en que los jóvenes comienzan a interesarse por aprender y ejecutar la música norteña, se inicia el movimiento supletorio instrumental para hacer una nueva forma de música popular. Se cambió el violín por el acordeón, la guitarra española por el bajo-sexto (guitarra de origen árabe) y deja de utilizarse la vara o arco del contrabajo se le suspende.
En 1955, aparece en Hermosillo el primer grupo formal norteño: Los Cuatreros de Sonora de los Hermanos Carvajal; a diferencia del norte de México, los sonorenses hicimos tríos y no duetos. Posteriormente, estos tríos se convirtieron en cuartetos y quintetos con la inclusión de la “redova” y el “saxofón”. La redova dura poco en el conjunto norteño, se elimina a principios de los años setenta y se remplaza por la “tarola”, instrumento de percusión que surge como producto del avance modernizador de la electrónica.
Uno de los atractivos para propios y extraños es nuestra música regional con la que el pueblo canta y baila y que con la que festeja y adereza los momentos importantes de la vida cotidiana.
Es en las fiestas patronales de los pueblos y ciudades donde los conjuntos norteños tienen participación importante; sin ellos, la fiesta no se daría ni se haría. En estas ferias, es común que los amantes de la música y curiosos se arremolinen junto al grupo que toca para disfrutar, gozar y bailar al escuchar las notas bien conjugadas de un acordeón, con la armonía de un bajo-sexto, los bajos “chicoteados” del “tololoche”, las percusiones de la tarola y la melodía graciosa de un saxofón en el ritmo de una polka como La Pilareña, un son o zapateado como La Vaquilla Colorada o La Loba Catrina, un corrido como El Novillo Despuntado, Pancho Guzmán o Manuel de la Vara, o bien las nostálgicas canciones de Las Cuatro Milpas, El Cuervo y El Escribano, La Pajarera o Dos Seres que se aman.
Sin duda, estamos ante un hermoso género musical que los sonorenses adoptamos hace 50 años y que sostienen vivo, humildes, pero magníficos músicos empíricos que no estudiaron la metodología académica de las reglas de la métrica y de la interpretación musical. Estos músicos reúnen en su innata inspiración la maestría musical que llevan en su ser por naturaleza. Sin instrucción musical alguna, marcan sobriamente su melodía, su armonía o sus bajos, precisando con su musical lenguaje la belleza embriagadora de nuestra canción popular sonorense.
Con todo y lo que hemos descrito, hasta hace pocos años, la música norteña era poco aceptada. Para las clases media y alta, era signo de subdesarrollo y de niveles socioeconómicos y socioculturales ínfimos. Esta actitud tenía un fundamento real. Recordemos que esta música había sido asumida por los pobres y para los pobres. Lo mismo había sucedido con el mariachi en Jalisco.
Hoy, el conjunto norteño se ha convertido en el grupo musical típico preferido en una vasta región del estado; su fisonomía y gracia es conocida en muchos ámbitos y ha roto con el clasismo y elitismo social del ayer. Actualmente, los “taca-tacas”, como hoy se les conoce, alegran los festejos familiares de la clase humilde como los de la clase media y alta. Están en los festejos de jóvenes y viejos, de hombres y mujeres del campo y de la ciudad; niños y ancianos cantan y bailan al compás de sus notas; están presentes en eventos académicos como seminarios, simposios y congresos, ilustrando o reafirmando, con documentos musicales, algunas de las tesis que proponen los estudiosos y especialistas de las ciencias sociales.
Evidentemente, estamos ante un promisorio panorama de aceptación de esta expresión musical popular, pero corre peligro su originalidad ante la aparición de la alta tecnología y la digitalización en esta civilización cibernética.
Ante este peligroso fenómeno, es urgente impulsar la creación de un Centro de Enseñanza e Investigación que privilegie: promover el conocimiento y el amor al género musical norteño.

Sonora

Sonora es uno de los 31 estados que, junto con el Distrito Federal, conforman las 32 entidades federativas de México. Se ubica en la región noroeste del país. Es conocido por sus características desérticas y sus playas. Su capital y ciudad más grande es Hermosillo.
Existen dos teorías sobre origen del nombre Sonora, el primero proviene del
ópata Xunuta, Lugar de maíz, la segunda proviene del Tohono O’odham (papago), Sonota, que significa lugar de plantas.
Colinda con los estados de
Chihuahua al este, Sinaloa al sur y Baja California al noroeste; al norte comparte una extensa frontera con el estado de Arizona y una más pequeña con el de Nuevo México de Estados Unidos y hacia el oeste colinda con el Mar de Cortés o Golfo de California. El estado se divide en 72 municipios y ocupa el segundo lugar nacional en extensión (el primer lugar lo tiene Chihuahua), con un 9,2% del total del territorio mexicano.